Las actividades responden a las tres perspectivas de nuestro modelo didáctico. Por ello, es necesario que:
- Permitan conocer los conocimientos previos de los alumnos/as, con relación a los nuevos aprendizajes para cuya construcción son claves.
- Sean significativas y funcionales para los alumnos/as.
- Sean adecuadas al nivel de conocimientos de los alumnos/as.
- Permitan que el alumno/a pueda abordar los conocimientos desde su experiencia.
- Provoquen un conflicto cognoscitivo que haga relacionar los conocimientos nuevos con los previos.
- Fomenten la motivación.
- Estimulen la autoestima, es decir, que los alumnos/as puedan detectar que han aprendido.
- Permitan autonomía y adquisición de destrezas relacionadas con el aprender a aprender.
La metodología se ajusta a partir de la actividad constructiva del alumno/a y la interacción del profesor, quien debe impulsar, promover y regular la actividad escolar, puesto que el conocimiento es un proceso de reorganización continua. Una estrategia eficaz y adecuada para llevar a la práctica el modelo constructivista es "El método de proyectos", ya que permite interactuar en situaciones concretas y significativas y estimula el "saber", el "saber hacer" y el "saber ser", es decir, lo conceptual, lo procedimental y lo actitudinal.
A través de este modelo el alumno/a puede utilizar operaciones mentales como juzgar, inferir, deducir, investigar, seleccionar, sistematizar..., para que, en definitiva, logre aprendizajes significativos y construya sus propios aprendizajes. En este modelo el rol del docente cambia; el profesor se convierte en moderador, coordinador, facilitador, mediador y también en un participante más. Nuestro modelo didáctico supone también un clima afectivo, armónico, de mutua confianza, que ayuda a que los alumnos y alumnas se vinculen positivamente con el conocimiento.